El caso de la directora de Huawei: EE.UU. utiliza los tribunales para recuperar el espacio perdido por sus empresas en el mundo

Meng Wanzhou



John Auditore
Experto en temas internacionales
El caso de la ejecutiva de la empresa tecnológica china Huawei, detenida en Canadá, muestra el uso de los tribunales estadounidenses como arma de guerra contra los enemigos autodecretados por el gobierno de ese país, cada vez más aislado de la comunidad internacional.

Meng Wanzhou, la directora financiera del gigante chino Huawei fue arrestada en Canadá, bajo cargos de fraude por presuntamente mentir a los bancos sobre el uso de una subsidiaria  para vender a Irán en violación de las sanciones estadounidenses que no son ley internacional sino medidas punitivas de ese país contra otro de sus tanto enemigos designados; esto según lo que surge de una audiencia en Vancouver este viernes.

Ya en el pasado reciente EE.UU. ha utilizado sus tribunales para desplazar y eliminar a competidores de sus empresas bajo alegaciones de prácticas corruptas, tal como ha ocurrido con la constructora brasileña Odebretch, la cual a pesar de sus prácticas no es la única en aplicarlas, y de ello dan pruebas las múltiples acusaciones contra empresas norteamericanas como Cocacola que, según denuncias, han pagado a sicarios para asesinar a sindicalistas en países como Colombia. Las prácticas corruptas se extienden a empresas estadounidenses del sector petrolero como Halliburton, que hizo fiesta con los contratos en el Irak devastado por la invasión de USA, tal cual reseñaron en su momento los mismos medios estadounidenses. 

Iguales prácticas de criminalización contra empresas que EE.UU. considera amenazas para sus intereses comerciales aplica desde hace años ese gobierno contra PDVSA al calificar cualquier pago o transacción de la misma como "lavado de dinero", a fin de posicionar en la mente del público la noción de una organizacion criminal y no de una empresa legítima y con trayectoria.

Meng Wanzhou es un emblema del uso de una "justicia" manipulada y corrompida por los intereses políticos y corporativos para coaccionar y quebrar a empresas y naciones a los que EE.UU. no puede controlar y someter como ha hecho y sigue haciendo con países satélites y totalmente sumisas y dependientes de la potencia, como Colombia, Perú o Panamá.

Queda en el ambiente el análisis de la forma como EE.UU. trata de imponer sus dogmas y sus leyes internas a otras naciones y entes no estadounidenses. Se trata en todo caso de un abuso de ese país y una manera chapucera de práctica totalitaria cuyo máximo exponente es Donald Trump, un loco cuya arrogancia lo lleva a pensar que sus hedores corporales son perfume.

Dependerá de China mostrar sus garras y sus músculo en este hecho o bajar la cabeza y conformarse con ser otra nación sin alma ni destino propio. ¡Amanecerá y veremos!


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