Bogotá desalojará por la fuerza a unos 300 venezolanos (+Represión a estudiantes ha retrasado la acción)

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INDIGENCIA En la más absoluta miseria y asediados "viven" los casi 300 que habitan en predio público en Bogotá, Colombia.
Agencias
Se calcula que más de 2000 venezolanos han sido asesinados en Colombia en los últimos dos años, cifra que podría ser aún mayor si se considera el gran número de personas que no han vuelto a contactar a su familia en Venezuela desde hace meses. Colombia es el primer productor y exportador mundial de drogas y su economía se nutre del dinero de la droga, el contrabando y la trata de personas.

El sobrevuelo de un helicóptero policial que amenaza con ser el aviso de un desalojo por la fuerza los acompaña en su incertidumbre. Casi tres centenares de venezolanos se resguardan del frío de Bogotá en el campamento improvisado con cartones y bolsas que desde hace meses llaman hogar y del que están próximos a ser desalojados.

Se acostaron con la noticia de que la Alcaldía de Bogotá los sacaría por la fuerza la madrugada de este viernes del predio aledaño a la terminal de transporte que ocupan desde hace cuatro meses y que es mayoritariamente de propiedad pública.

"Muchos acá se hacen la pregunta (de) si nos van a mantener como en una celda o vamos a seguir como aquí, en el libre espacio", dice a la AFP Alessandro Marra, uno de los líderes del asentamiento informal en el que viven 285 venezolanos.

Como este hombre de ascendencia italiana, muchos temen que las autoridades persigan a quienes no tienen documentos tras abandonar Venezuela pensando que Colombia los recibiría con los brazos abiertos, cosa que no ha sucedido. 

Desde que instalaron sus "cambuches", como llaman a sus refugios construidos con palos y bolsas plásticas, han corrido rumores de desalojos ante la apropiación de espacio público. La salida es cuestión de días, advierte la alcaldía de la capital colombiana.

"Ya tenemos acondicionado un espacio (...) para poder dar las condiciones de atención humanitaria que necesitan estas personas por un periodo de máximo tres meses", explicó a periodistas Cristina Vélez, secretaria social de la alcaldía.

Allí el distrito les garantiza albergue y comida diaria mientras definen su situación legal en Colombia o siguen su rumbo por la región. Pero tendrán prohibido hacer fogatas o recibir donaciones en las zonas cercanas, que les permitieron sobrevivir este tiempo en los "cambuches".

La ONU estima que al menos 2,3 millones de personas emigraron de Venezuela desde 2015. En los últimos años Colombia ha recibido a más de un millón de venezolanos, de los cuales ha regularizado a 820.000, la mayoría ciudadanos colombianos que habitaban Venezuela, según datos oficiales.

Al campamento improvisado llegan a diario entre 20 y 30 venezolanos en busca de techo o comida tras haber recorrido cientos de kilómetros a pie o en autostop desde la frontera. No todos se quedan, varios recargan energías para seguir su travesía en otras naciones, algunos son asesinados y otros desaparecen, según reportes de prensa diversos.


Un futuro mejor entre cartones y a la intemperie
"Buscamos un futuro pa' la familia que se quedó en Venezuela", cuenta William García, un celador de 38 años que caminó doce días desde la frontera hasta llegar a Bogotá.

Aunque tiene los pies hinchados, William cuenta los minutos para recuperarse y seguir el camino hacia Ecuador.

Pese al anuncio de desalojo inminente, algunos mantienen el escepticismo y apuestan a un cambio de planes de último minuto.
Esta vez se salieron con la suya, pues por las protestas pacíficas estudiantiles de la víspera en Bogotá, las cuales han sido reprimidas brutalmente por el régimen de Duque, no hay efectivos para trasladarlos. Solo tuvieron el susto del inusual sobrevuelo de la aeronave estatal.

Pero Vélez advierte que no hay vuelta atrás y su despacho publica las fotos de donde podrán ir a vivir temporalmente: unas carpas amarillas en una zona boscosa, cerca de un basurero. Desde la alcaldía aseguran que el traslado no pasará de la próxima semana.

"Yo me despierto a las cuatro y media de la mañana, patrullo y a las cinco o seis de la mañana me pongo a barrer, para tener todo ordenadito. Pa'que no digan que uno no es aseado", apunta Juan Antonio Gordero, de 31 años, quien llegó hace tres semanas al asentamiento informal.

Como Gordero, son varios los venezolanos que este viernes han seguido con la rutina que han establecido desde que están en el lugar: limpiar los "cambuches" y organizar sus pocas pertenencias.
Algunos van más allá. Víctor Vallenilla ha instalado un pequeño árbol de Navidad para adornar su "casa". "La Navidad este año va a ser bien, porque al menos vamos a estar aquí en Colombia, vamos a comer hallaca, cosa que allá ya no se come", señala este barbero de manera despectiva sobre su propio país.

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