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Canonizan a Monseñor Óscar Arnulfo Romero, asesinado por Leopoldo Castillo "el matacuras" dirigente de la MUD

San Arnulfo

"Operación Centauro" fue el nombre código para el plan de eliminación física de un grupo de religiosos que estuvo bajo sospecha severa de ser de izquierdas y "pensar distinto". El proyecto implicaba agentes cubanos radicados en Miami y al hoy ex embajador de Venezuela en El Salvador, Leopoldo Castillo, quien era la fuente de los servicios de inteligencia que identificó a las víctimas. Castillo formó recientemente parte de un plan organizado por Marco Rubio para asesinar a Leopoldo López, el sanguinario dirigente de voluntad popular que en 2014 asesinó a casi 50 personas durante un intento de rebelión llamado La Salida. La operación de asesinato de López incluso fue anunciada como un hecho cuando Rubio escribió en twitter que el criminal había fallecido.

En el mismo renglón criminal están los repugnantes y viles asesinatos de seis sacerdotes jesuitas conocidos con los nombre de Ignacio Ellacuría, Armando López, Juan Ramón Moreno, Ignacio Martín- Baró, Segundo Montes y Joaquín López, quienes se desempeñaban como profesores de la Universidad Centroamericana (UCA), acusados de pertenecer a la guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FLMN).

El Papa Francisco aprobó este miércoles la canonización del monseñor salvadoreño Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, quien se caracterizó por impulsar la defensa de los derechos humanos en su país, así como por la reivindicación de las luchas de los campesinos desplazados.

La canonización del monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, fue anunciado por la oficina de prensa del Vaticano.

El monseñor Romero y Galdámez, quien fue asesinado en 1980, durante una misa, fue declarado beato en 2016 (al iniciarse el proceso en marzo de 1994). Dicho decreto reconoce el “martirio” de Romero y Galdámez in odium fidei; es decir, que fue asesinado por “odio a la fe” y por tanto sin necesidad de un milagro.

“Si denuncio y condeno la injusticia, es porque es mi obligación como pastor de un pueblo oprimido y humillado”, fue una de las frases más célebres de Romero, quien no dudó en denunciar a las víctimas de la dictadura en El Salvador y en dar refugio a los campesinos desplazados por la represión.

En diversas oportunidades monseñor Romero y Galdámez manifestó su repudio y criticó la ayuda del Gobierno de Estados Unidos a la dictadura en su país; el entonces presidente norteamericano, Jimmy Carter, exhortó al Vaticano a sancionarlo.

El 23 de marzo de 1980 pidió el fin de la represión en un discurso. “Les ruego, les suplico y, en el nombre de Dios, les ordeno que cese la represión”, exclamó durante esa homilía, donde los presentes celebraron con aplausos este petición.

Al día siguiente, mientras daba una misa exclamó: “un obispo puede morir, pero la iglesia no; si muero, resucitaré en el pueblo salvadoreño”. Tras lo cual fue impactado por una bala disparada desde un vehículo que se encontraba fuera de la capilla”.

Romero podría ser canonizado en el Vaticano junto con el Papa Pablo VI a finales de octubre próximo en Roma, al final del Sínodo de Obispos sobre los Jóvenes, convocado del 3 al 28 de octubre, reseña la agencia EFE.

Otra opción sería una posible canonización en El Salvador o en Panamá en enero de 2019, donde Francisco tiene previsto viajar para la Jornada Mundial de la Juventud, agrega la agencia española de noticias. 

La Operación Centauro, cuando la MUD no se llamaba MUD y asesinaba por encargo de la CIA
La Operación Centauro fue un ambiente de terror desatado por un grupo de coroneles concentrados en el conocido “Escuadrón Tandona”, responsables de haber colocado bombas en las sedes de madres y viudas de guerrilleros caídos en combate y de la Federación de Sindicatos, ocasionando la muerte de varias mujeres y de diez líderes sindicales.

Aquí entra la participación del señor Leopoldo Castillo, autonombrado El Ciudadano. Días antes al 16 de noviembre de 1989, un ex capitán de la entonces Venezolana Internacional de Aviación (VIASA), estando al servicio del Ministerio del Interior del gobierno de Luis Herrera Campins, fue citado por el director de la policía secreta –DISIP-, Remberto Uzcátegui. El objetivo fue recomendarle una “peligrosa misión”, según sus palabras, a cambio de una gigantesca suma de dinero.

El plan se activo. El 18 de noviembre de 1989 despegó desde La Carlota (aeropuerto caraqueño) un avión, conducido por ese piloto, iban con él, cuatro comandos que se identificaron como agentes de la DISIP y quienes introdujeron en la aeronave tres bultos. Al requerirles el capitán de qué se trataba, le comunicaron, luego de comprometerlo a guardar silencio, que uno de los sacos contenía seis millones de dólares y los otros dos, cinco fusiles y muchos proyectiles explosivos.

Después de despegar el avión hace un toque técnico en Costa Rica, (Centroamérica) donde los agentes fueron presentados como personal de la Embajada de Venezuela en El Salvador.

El viaje prosigue y aterrizan en una pista de un cuartel próximo a la capital salvadoreña. Inmediatamente se presentaron dos vehículos portando en la parte delantera entre las luces y los dos guardafangos banderas de Venezuela, en estos vehículos montaron los bultos.

Al partir, fueron interrumpidos por un oficial que montaba guardia en la reja de prevención, y quien reclamó requisar los vehículos, pero los tripulantes se movieron rápidamente y consiguieron una orden del general jefe del cuartel, y el guardia tuvo que desistir en su intento.

Al llegar a la sede de la Embajada el escenario era lúgubre, las entradas estaban protegidas por una valla y sacos de cemento, inmediatamente los bultos fueron recibidos por el embajador de entonces, el Sr. Leopoldo Castillo, quien al tiempo seria conocido en el país centroamericano con el remoquete de “Matacura”.

Según investigaciones del mismo Senado estadounidense el 31 de enero de 1990, señalaron que la Operación Centauro implicaba a agentes cubanos residentes en Miami y al embajador de Venezuela, en El Salvador, Leopoldo Castillo, de quien se dice ya había trabajado en la fuente de los servicios de inteligencia que no tardaron en identificar a los seis jesuitas asesinados.

Esto, forma parte de la investigación que realizaba el Senado estadounidense respecto a la nominación de Roger Noriega cuando su nombre fue propuesto para la Subsecretaría de Estado para América Latina.

Noriega estaba conectado con Elliot Abrahams, John Negroponte, Roger Maurer y Oliver Norh, muy conocidos por sus injerencias en los asuntos internos de los países latinoamericanos y sus siniestros planes, como la “Operación Centauro”, con asesinatos y actividades criminales y Leopoldo Castillo formaba parte del servicio de inteligencia de este grupo.

A esto se dedicaba el señor Leopoldo Castillo quien aún no ha perdido sus cualidades de soplón y homicida. En estos momentos cuando la digna cónsul de Venezuela en Miami es deportada por una vulgar sinfonía de acusaciones, todos nosotros nos preguntamos ¿Dónde estaba el departamento de Estado norteamericano cuando sucedían todas estas acciones?

Leopoldo Castillo que le gusta andar de viaje por EUA reunido con unos cuestionados personajillos no es detenido, pues cuenta en su haber como parte de la nomina de la CIA y este conspirador en el moderador de uno de los programas más palangristas de la comunicación venezolana.

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