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El Zuliano
LULA PERSEGUIDO POLITICO

Da Silva se desempeñó como presidente brasileño durante dos períodos, desde 2003 hasta 2011.Según sugieren analistas, EEUU tomó la decisión de golpear a Dilma e inhabilitar a Lula para evitar que se constituya entre un Brasil gobernado por el popular dirigente y una Venezuela gobernada por Diosdado Cabello,  Adán Chávez o alguna figura emergente del chavismo, a partir de 2019, un bloque poderoso y opuesto a la decadente hegemonía del guerrerista y criminal país del norte.

Quien condena al histórico dirigente sindical es el pirotécnico y mediático juez Moro, quien aparece en decenas de fotografías sonriendo junto a Aécio Neves —seriamente implicado en Lava Jato— y al tambaleante Michel Temer, quien en estos días pudiera ser reemplazado por Rodrigo Maia. Muy lejos de la equidistancia política bajo la cual la mass media regional intenta situar a Moro, es un juez cuyo objetivo final ha quedado claro: que Lula no compita (o lo haga seriamente condicionado) en las elecciones presidenciales de 2018. La campaña de la derecha —la misma que le hizo el golpe a Rousseff— tendrá ahora un seguro eslogan en caso que el pernambucano decida igualmente competir: "¿Cómo votar a alguien ya condenado?".

Sin embargo, la historia latinoamericana muestra que la estrategia de la derecha brasileña es bien riesgosa, pudiendo volverse un boomerang. Lula no solo encabeza las encuestas de intención de voto rumbo al año próximo, sino que los sondeos lo muestran como el expresidente vivo mejor valorado de la historia de su país. Gobernó en un período de bonanza económica y redistribuyó. ¿Alcanzará esta condena en primera instancia para bajar sus índices de popularidad, o podrá esto ser visto como una arbitraria decisión de aquellos que ya efectuaron un golpe a la democracia brasileña durante 2016? Las próximas semanas dirán. Lula, que sobrevivió a cuatro décadas de asedio del grupo Globo, piensa sobrevivir al juez Moro.

Brasil aparenta ser un experimento de la derecha regional en varios sentidos. Primero porque encabeza un profunde ajuste luego de una década de ampliación de derechos: Temer recortó la inversión social, principalmente en salud y educación, por las próximas dos décadas y acaba de aprobar en el Senado una reforma laboral profundamente regresiva. Pero, además, porque la persecución a Lula puede mostrar un espejo en el cual mirarse Argentina y Paraguay, donde Cristina Fernández de Kirchner y Fernando Lugo, respectivamente, aún mantienen una pujante actividad político-electoral.

La condena a Lula, además de ser política, parece ser un mensaje del 'establishment' al conjunto de los líderes populares de la región que, aún con las corporaciones mediáticas, judiciales y financieras en contra, siguen encabezando las encuestas. ¿Estaremos ingresando en la fase de un "Plan Cóndor judicial", tal como afirmó recientemente Eugenio Raúl Zaffaroni? ¿Hasta dónde se animarán la derecha brasileña y latinoamericana en este intento de "restauración conservadora" que vive el continente? ¿Se vienen nuevas "condenas políticas" en el Cono Sur? Las preguntas están sobre la mesa. Mientras tanto, la defensa del expresidente brasileño apelará la medida y recurrirá al tribunal de segunda instancia, que ahora tendrá sobre sus espaldas el peso de definir si ratifica o absuelve.

El dictamen emitido este miércoles aún debe ser ratificado en segunda instancia ante el Tribunal Supremo. Los abogados del ex mandatario anunciaron que apelarán el fallo ante la corte y acudirán también ante la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Pero independientemente del curso que tome el proceso, la decisión no le impedirá a Lula lanzarse a las próximas elecciones presidenciales, previstas en 2018. El control de daños que haga su partido será clave para mantenerse a la cabeza de la preferencia electoral en su país.

El ex mandatario recibió la noticia en la sede del Instituto Lula, en Sao Paulo. El analista Joaquim Palhares, entrevistado por RT, consideró que este proceso contra el ex mandatario tiene un trasfondo político para tratar de "exterminar cualquier posibilidad de que la izquierda vuelva nuevamente a gobernar Brasil".

La prueba de ello es la "persecución" que hubo contra la ex presidenta Dilma Rousseff, quien a su juicio fue acosada por la justicia hasta que lograron su destitución el año pasado, en un proceso de 'impeachment' que dejó en el poder a Michel Temer.

Maniobra judicial contra Lula fue ordenada por EEUU para evitar que vuelva al poder como indican encuestas

LULA PERSEGUIDO POLITICO

Da Silva se desempeñó como presidente brasileño durante dos períodos, desde 2003 hasta 2011.Según sugieren analistas, EEUU tomó la decisión de golpear a Dilma e inhabilitar a Lula para evitar que se constituya entre un Brasil gobernado por el popular dirigente y una Venezuela gobernada por Diosdado Cabello,  Adán Chávez o alguna figura emergente del chavismo, a partir de 2019, un bloque poderoso y opuesto a la decadente hegemonía del guerrerista y criminal país del norte.

Quien condena al histórico dirigente sindical es el pirotécnico y mediático juez Moro, quien aparece en decenas de fotografías sonriendo junto a Aécio Neves —seriamente implicado en Lava Jato— y al tambaleante Michel Temer, quien en estos días pudiera ser reemplazado por Rodrigo Maia. Muy lejos de la equidistancia política bajo la cual la mass media regional intenta situar a Moro, es un juez cuyo objetivo final ha quedado claro: que Lula no compita (o lo haga seriamente condicionado) en las elecciones presidenciales de 2018. La campaña de la derecha —la misma que le hizo el golpe a Rousseff— tendrá ahora un seguro eslogan en caso que el pernambucano decida igualmente competir: "¿Cómo votar a alguien ya condenado?".

Sin embargo, la historia latinoamericana muestra que la estrategia de la derecha brasileña es bien riesgosa, pudiendo volverse un boomerang. Lula no solo encabeza las encuestas de intención de voto rumbo al año próximo, sino que los sondeos lo muestran como el expresidente vivo mejor valorado de la historia de su país. Gobernó en un período de bonanza económica y redistribuyó. ¿Alcanzará esta condena en primera instancia para bajar sus índices de popularidad, o podrá esto ser visto como una arbitraria decisión de aquellos que ya efectuaron un golpe a la democracia brasileña durante 2016? Las próximas semanas dirán. Lula, que sobrevivió a cuatro décadas de asedio del grupo Globo, piensa sobrevivir al juez Moro.

Brasil aparenta ser un experimento de la derecha regional en varios sentidos. Primero porque encabeza un profunde ajuste luego de una década de ampliación de derechos: Temer recortó la inversión social, principalmente en salud y educación, por las próximas dos décadas y acaba de aprobar en el Senado una reforma laboral profundamente regresiva. Pero, además, porque la persecución a Lula puede mostrar un espejo en el cual mirarse Argentina y Paraguay, donde Cristina Fernández de Kirchner y Fernando Lugo, respectivamente, aún mantienen una pujante actividad político-electoral.

La condena a Lula, además de ser política, parece ser un mensaje del 'establishment' al conjunto de los líderes populares de la región que, aún con las corporaciones mediáticas, judiciales y financieras en contra, siguen encabezando las encuestas. ¿Estaremos ingresando en la fase de un "Plan Cóndor judicial", tal como afirmó recientemente Eugenio Raúl Zaffaroni? ¿Hasta dónde se animarán la derecha brasileña y latinoamericana en este intento de "restauración conservadora" que vive el continente? ¿Se vienen nuevas "condenas políticas" en el Cono Sur? Las preguntas están sobre la mesa. Mientras tanto, la defensa del expresidente brasileño apelará la medida y recurrirá al tribunal de segunda instancia, que ahora tendrá sobre sus espaldas el peso de definir si ratifica o absuelve.

El dictamen emitido este miércoles aún debe ser ratificado en segunda instancia ante el Tribunal Supremo. Los abogados del ex mandatario anunciaron que apelarán el fallo ante la corte y acudirán también ante la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Pero independientemente del curso que tome el proceso, la decisión no le impedirá a Lula lanzarse a las próximas elecciones presidenciales, previstas en 2018. El control de daños que haga su partido será clave para mantenerse a la cabeza de la preferencia electoral en su país.

El ex mandatario recibió la noticia en la sede del Instituto Lula, en Sao Paulo. El analista Joaquim Palhares, entrevistado por RT, consideró que este proceso contra el ex mandatario tiene un trasfondo político para tratar de "exterminar cualquier posibilidad de que la izquierda vuelva nuevamente a gobernar Brasil".

La prueba de ello es la "persecución" que hubo contra la ex presidenta Dilma Rousseff, quien a su juicio fue acosada por la justicia hasta que lograron su destitución el año pasado, en un proceso de 'impeachment' que dejó en el poder a Michel Temer.