Diario

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El Zuliano
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Bruno Cheli Apacama
A pesar del desconcierto de algunas personas frente a la decisión mediada del Tribunal Supremo de Justicia, es indudable que el movimiento maestro que ha realizado el liderazgo de la Revolución desarticula el discurso apocaliptico y odioso de la oposición extremista, cada vez más peligroso, no para el gobierno sino para nosotros los ciudadanos que diariamente tenemos que salir a trabajar el pan de nuestra familia y que aspiramos que nuestros hijos y nietos vivan en el mismo país de donde no nos hemos querido ir a pesar de las dificultades.

La noticia con la que amaneció el país, tubazo de El Zuliano, golpeó duro el fundamento engañoso del discurso opositor, en base al cual una horda de delincuentes (no hay manera de decirlo más decente) han enlutado casi decenas de hogares como resultado de un movimiento violento, irracional y lleno de odio a la diferencia, donde contrario a los tiempos donde "éramos felices y no lo sabíamos" el temor del común de la gente no es con respecto al gobierno sino con relación a la oposición, lo cual evidentemente retrata de cuerpo entero la cruda realidad del momento que vivimos. Dada la crueldad extrema con la que estas hordas han asesinado, quemado o lanzado objetos desde edificios a humildes peatones, es innegable que se trata de un comportamiento inducido en la psiquis de un 2% de la población según Datanálisis, pero compartido por buena parte de la población opositora. 

Ante semejante cuadro de descomposición, donde el protagonismo lo han venido asumiendo bandas paramilitares que usan bazucas, morteros, armas de fuego de diverso tipo e incluso granadas y, claro está, gasolina y puputovs (arma biológica), la reacción de cualquier gobierno "democrático" del tipo de esos que se resgan las vestiduras ante cualquier cosa que haga el gobierno de Nicolás Maduro, hubiera declarado la Ley Marcial y eliminado (sí, eliminado) a sangre y fuego a los sediciosos, puesto preso y procesado a sus dirigentes, sean diputados o no y eliminado hasta el último rescoldo de simpatía hacia los terroristas, mientras EFE, REUTERS y demás agencias, incluyendo la vocería norteamericana hubieran validado la acción en aras de la paz y estabilidad del país.

Contrario a lo que dice la propaganda opositora, mientras en este gobierno y el el Presidente Chávez jamás se suspendieron las garantías constitucionales, en los gobiernos previos era parte de la normalidad de aquella "felicidad desconocida" que las garantias estuvieran suspendidas, prohibidas las reuniones o no perseguidas las personas con ideologías diferentes a los que gobernaban. Mientras acá la violencia opositora ha causado la muerte de casi 100 personas en 90 días, durante el segundo gobierno del fallecido Carlos Andrés Pérez, el gobierno de Acción Democrática asesinó ese número de personas en hora y media, durante los aciagos momentos del 27 de febrero al primero de marzo de 1989.  En total más de 5200 personas fueron asesinadas en tres días, algunas de las cuales fueron enterradas en fosas comunes. Más de mil incluso nunca fueron halladas.

No obstante lo dicho, el gobierno nacional actual debe lidiar diarimente con el estigma mediático impuesto de "dictadura". Una extraña dictadura a cuyos funcionarios se puede atacar, hacer videos amenazandos y cerrar vías violentamente, o bien declarar a nombre de un culto desprestigiado por sus representantes que el gobierno es un régimen dictatorial y los criminales que queman, hieren y destruyen inocentes que claman libertad. Ciertamente es una verguenza que un culto, en este caso la iglesia católica, se preste como siempre lo han hecho a lo largo de la historia para oponerse a los intereses de los más humildes. No olvidemos que esa misma iglesia ha cometido a lo largo de la historia más asesinatos y crímenes que Hitler y los EEUU juntos. Y lo ha hecho no por creencias y defensas de fe, sino por viles intereses terrenales. Decirlo no significa dejar de creer en Dios, porque esa iglesia no representa a Dios. Dios jamás estará con los malvados, con los que queman a inocentes por sus ideas, con los que lanzan objetos a la cabeza de una humilde mujer que pasaba por la calle, con los que queman casi medio millón de kilos de comida para el peublo, con los que queman o dañan casi 500 unidades de transporte público. Dios no estará con pedófilos, pederastas y alcahuetes.

Hoy Venezuela amaneció entre la incredulidad y la fe. Fe en que esta clase de Política y buena voluntad que ha dado el gobierno otorgando casa por cárcel al responsable de la violencia de 2014 y parte de la de este año, sea comprendida y retribuida como tributo a la paz de la República. Quisiéramos que en esta oportunidad la oposición no asuma las mismas posiciones traiconeras del 2002 cuando Chávez, el Gran Chávez, les perdonó por el golpe de estado y el intento de asesinarlo. Si volvieran a traicionar al país, esta vez no podría volver a existir consideración. 

Si esta muestra de estadismo lleva a la paz duradera, la actuación de la jerarquía de la Conferencia Episcopal quedará inscrita en la Historia Universal de la infamia. Si no surtiera efecto, también quedaría la miseria de esas almas viles inscrita en los anales de esa misma historia de la ruindad.

Bruno Cheli Apacama es Doctor en Ciencias Políticas y en Filosofía de la Historia, además de Teólogo con Doctorado en Divinidades.

Clase de Alta Política: El gobierno demuestra coherencia y buena voluntad en su llamado a la paz

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Bruno Cheli Apacama
A pesar del desconcierto de algunas personas frente a la decisión mediada del Tribunal Supremo de Justicia, es indudable que el movimiento maestro que ha realizado el liderazgo de la Revolución desarticula el discurso apocaliptico y odioso de la oposición extremista, cada vez más peligroso, no para el gobierno sino para nosotros los ciudadanos que diariamente tenemos que salir a trabajar el pan de nuestra familia y que aspiramos que nuestros hijos y nietos vivan en el mismo país de donde no nos hemos querido ir a pesar de las dificultades.

La noticia con la que amaneció el país, tubazo de El Zuliano, golpeó duro el fundamento engañoso del discurso opositor, en base al cual una horda de delincuentes (no hay manera de decirlo más decente) han enlutado casi decenas de hogares como resultado de un movimiento violento, irracional y lleno de odio a la diferencia, donde contrario a los tiempos donde "éramos felices y no lo sabíamos" el temor del común de la gente no es con respecto al gobierno sino con relación a la oposición, lo cual evidentemente retrata de cuerpo entero la cruda realidad del momento que vivimos. Dada la crueldad extrema con la que estas hordas han asesinado, quemado o lanzado objetos desde edificios a humildes peatones, es innegable que se trata de un comportamiento inducido en la psiquis de un 2% de la población según Datanálisis, pero compartido por buena parte de la población opositora. 

Ante semejante cuadro de descomposición, donde el protagonismo lo han venido asumiendo bandas paramilitares que usan bazucas, morteros, armas de fuego de diverso tipo e incluso granadas y, claro está, gasolina y puputovs (arma biológica), la reacción de cualquier gobierno "democrático" del tipo de esos que se resgan las vestiduras ante cualquier cosa que haga el gobierno de Nicolás Maduro, hubiera declarado la Ley Marcial y eliminado (sí, eliminado) a sangre y fuego a los sediciosos, puesto preso y procesado a sus dirigentes, sean diputados o no y eliminado hasta el último rescoldo de simpatía hacia los terroristas, mientras EFE, REUTERS y demás agencias, incluyendo la vocería norteamericana hubieran validado la acción en aras de la paz y estabilidad del país.

Contrario a lo que dice la propaganda opositora, mientras en este gobierno y el el Presidente Chávez jamás se suspendieron las garantías constitucionales, en los gobiernos previos era parte de la normalidad de aquella "felicidad desconocida" que las garantias estuvieran suspendidas, prohibidas las reuniones o no perseguidas las personas con ideologías diferentes a los que gobernaban. Mientras acá la violencia opositora ha causado la muerte de casi 100 personas en 90 días, durante el segundo gobierno del fallecido Carlos Andrés Pérez, el gobierno de Acción Democrática asesinó ese número de personas en hora y media, durante los aciagos momentos del 27 de febrero al primero de marzo de 1989.  En total más de 5200 personas fueron asesinadas en tres días, algunas de las cuales fueron enterradas en fosas comunes. Más de mil incluso nunca fueron halladas.

No obstante lo dicho, el gobierno nacional actual debe lidiar diarimente con el estigma mediático impuesto de "dictadura". Una extraña dictadura a cuyos funcionarios se puede atacar, hacer videos amenazandos y cerrar vías violentamente, o bien declarar a nombre de un culto desprestigiado por sus representantes que el gobierno es un régimen dictatorial y los criminales que queman, hieren y destruyen inocentes que claman libertad. Ciertamente es una verguenza que un culto, en este caso la iglesia católica, se preste como siempre lo han hecho a lo largo de la historia para oponerse a los intereses de los más humildes. No olvidemos que esa misma iglesia ha cometido a lo largo de la historia más asesinatos y crímenes que Hitler y los EEUU juntos. Y lo ha hecho no por creencias y defensas de fe, sino por viles intereses terrenales. Decirlo no significa dejar de creer en Dios, porque esa iglesia no representa a Dios. Dios jamás estará con los malvados, con los que queman a inocentes por sus ideas, con los que lanzan objetos a la cabeza de una humilde mujer que pasaba por la calle, con los que queman casi medio millón de kilos de comida para el peublo, con los que queman o dañan casi 500 unidades de transporte público. Dios no estará con pedófilos, pederastas y alcahuetes.

Hoy Venezuela amaneció entre la incredulidad y la fe. Fe en que esta clase de Política y buena voluntad que ha dado el gobierno otorgando casa por cárcel al responsable de la violencia de 2014 y parte de la de este año, sea comprendida y retribuida como tributo a la paz de la República. Quisiéramos que en esta oportunidad la oposición no asuma las mismas posiciones traiconeras del 2002 cuando Chávez, el Gran Chávez, les perdonó por el golpe de estado y el intento de asesinarlo. Si volvieran a traicionar al país, esta vez no podría volver a existir consideración. 

Si esta muestra de estadismo lleva a la paz duradera, la actuación de la jerarquía de la Conferencia Episcopal quedará inscrita en la Historia Universal de la infamia. Si no surtiera efecto, también quedaría la miseria de esas almas viles inscrita en los anales de esa misma historia de la ruindad.

Bruno Cheli Apacama es Doctor en Ciencias Políticas y en Filosofía de la Historia, además de Teólogo con Doctorado en Divinidades.